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(17 febrero 2010- En la madrugada de hoy, martes de carnaval 17 de febrero de 2010, falleció el poeta Freddy Hernández Álvarez. Recordamos con lúdico placer muchos de sus libros, dionisíacos hasta rabiar y nada apolíneos: los poemarios Memoriales del ángel bastardo (1987 y 2006, editorial Actum), El adivinador de enigmas (1989 y 1997, UDO-Sucre), Palabras del bienvenido (Antología poética, 2003, Ediciones Poesía de la Universidad de Carabobo), Litoral de Ausentes (2006, Fundación Editorial el Perro y la Rana) y El ardid del almirante (2006, Monte Ávila Editores Latinoamericana) ; y las novelas Huayra: la transparencia (1995, Ediciones en ancas) y Los argonautas ebrios (1999, Universidad de Carabobo, Premio de Novela "40º Aniversario de la Reapertura de la U.C."). Se nos antojan como líneas de su trabajo poético y narrativo la parodia de los totalitarismos religiosos, políticos e ideológicos; la celebración tabernaria de la vida en homenaje a las queridas prostitutas; una relectura personal y festiva de los clásicos greco-latinos, amén de la recreación de la infancia y la adolescencia en La Guaira, tanto en sus connotaciones iniciáticas (a la manera de un bildungsroman tropical encendido con la loca luz de Armando Reverón) como en las trágicas (el homenaje a los muertos del deslave en Vargas, 1999, que sin embargo tiende un puente permanente y dialéctico entre la nostalgia y la esperanza). Sólo nos resta decir que tus lectores, Freddy, no te abandonan a la luz reveladora de los bombillos y las lámparas de kerosene que alumbran la belleza de los prostíbulos, los bares y las salas de billar estampados por Van Gogh.
Testimonio de un naúfrago
EL VIAJE A BIBLOS
Yo decidí un largo viaje en abril, presuroso sorprendí a la puerta con dos grandes maletas Era el único huésped interesante, que hablaba a las cosas salí con mi caja de insectos y la carpeta de códigos ancestrales bajo el brazo, en las valijas llevaba alguna ropa el resto fueron libros de viajes ya leídos, mi plan consistía en repartirlos al azar. Por la noche abandoné la casa anduve veinte años viajando en mi sombra, la primera experiencia fue unirme a un grupo numeroso de gitanos que marchaban a Biblos les conté parte de mi vida, me permitieron subir a una de sus carretas una carreta de color indefinido En el camino aprendí a hacer trampas a leer en los posos de café, nos deteníamos en las tabernas y bebíamos hasta altas horas de la noche No quisiera comentar algunas cosas más íntimas como aquello de participar en orgías con hermosos seres de sus sueños compartidos.
envio luis ernesto gómez
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